Urge devolver La Dirección de Geologia y Minas (DGM) a su ministerio original

Por: Kenneth Bolaños.

En nuestro país, en nombre del ambiente se ha dejado de valorar las necesidades del ser humano, traicionando con eso al ambiente mismo, ya que no existe depredador más implacable que el hambre y la desocupación.

En una lucha igual, el desarrollador debería luchar por desarrollar y aprovechar los recursos naturales que nos ofrece la naturaleza, y por otro lado, quien tiene la obligación de velar por el ambiente, debe luchar porque el aprovechamiento sea en consideración del ambiente y los aspectos sociales, asegurando que esa lucha se establezca en el marco de un balance entre ambas fuerzas.

Costa Rica, probablemente con una sana intención, decidió una fórmula única en el mundo, dejando dentro de una misma entidad ambas fuerzas. Bajo una misma decisión, permitió que la valoración y posible ulterior desarrollo y aprovechamiento de nuestros recursos estén bajo un mismo ministerio, el cual además ha venido siendo tratado como un ministerio de segunda categoría por las últimas administraciones gubernamentales del país.

Un mismo ministro decide lo que se debe o procede valorar y desarrollar. Esto es fácil de entender cuando se le asigna como recargo al vice-presidente de turno, o se le ofrece a algún político como castigo o refugio por haber fallado en otro ministerio o en otras funciones; y actualmente se le encarga a un abogado bien intencionado, pero carente de criterio técnico.

El ambiente, cuando se le cuida sin criterios técnicos adecuados, cae en una paradoja que termina por atentar contra él mismo. Se utilizan estigmas para un lado y para otro, pero de nuevo sin criterio técnico. Claro ejemplo fue el de que sembrar árboles es bueno y así, sin mayor criterio se llenó la Sabana y los alrededores del Estadio Nacional de especies ajenas a nuestro territorio, erradicando así todas nuestras aves autóctonas, entonces sembrar árboles sin el criterio técnico adecuado se volvió contra la buena pretensión ambiental que la motivó. Igualmente, cortar árboles no es “per se” malo, dado que un manejo adecuado en una plantación técnicamente dirigida y siguiendo los más estrictos criterios técnicos produciría un impacto positivo.

Haber prohibido la exploración de los recursos minerales del país, es un acto de apariencia muy ambientalista, pero alejado del criterio técnico y sin mayor asesoría, ha provocado un ataque y daño directo al ambiente, cuyas dimensiones aún no podemos valorar pues apenas empieza a mostrarse su afección.

Un ministro tal vez muy preparado en su campo, pero con una formación alejada de lo requerido ambientalmente hablando, puede tener la mejor de las intenciones, pero alejado del criterio técnico está destinado al fracaso, con un gran damnificado: el ambiente mismo, y consecuentemente, la calidad de vida del ciudadano.

La lógica y la práctica sobre todo en países donde si existen desarrollos mineros importantes y por tanto los fantasmas son mucho menores alrededor de la minería, muestran que las fuerzas se nivelan cuando ambos campos luchan desde sus trincheras con la fuerza de su razón de ser. Por ejemplo, considerando que Estados Unidos y Canadá, con normas ambientales muy estrictas, mantienen la mayor producción de oro del mundo, jamás la administración del ambiente y sus normas compartirían ministerio o entidades con el área de la producción.

Lo que falta por entender es que por cada 100 áreas de interés determinadas en exploraciones regionales, únicamente 2 o 3 terminan en proyectos mineros reales. La exploración genera gran provecho durante la valoración de muchos campos científicos. Pagado por el interés de encontrar nuevas minas, se abren muchos puestos de trabajo y se invierten elevadas sumas de dinero con un valor multiplicativo para la economía de un país.

La exploración y el desarrollo minero pertenecen a ministerios industriales y productivos, puesto que los impactos ambientales hasta ese momento son puras especulaciones y no tienen nada que ver con el ministerio encargado de establecer políticas ambientales cada vez más agresivas y restrictivas.

Por su afinidad con el desarrollo y generación de recursos, no es de sorprender que la Dirección de Geología y Minas naciera en el Ministerio de Industria y Comercio adonde pertenece por antonomasia, pero que con el tiempo algún genio moderno decidió reunirla con el ambiente para poder financiar los parques nacionales y las onerosas consideraciones ambientales muchas veces sin sentido.

El ministerio ha venido incumpliendo sus obligaciones para con la investigación y aprovechamiento minero, con su política de disminución de la DGM (poco presupuesto, poco personal, etc.) cree que está disminuyendo la minería misma. Esto solo ha provocado la descontrolada minería artesanal y las extracciones ilegales, mientras quienes tratan de operar dentro del margen de la ley, se ven aplacados con trámites eternos que solo han conseguido afectar al ambiente mismo, nuevamente por falta de criterio técnico.

En conjunto el Colegio de Geólogos y la DGM, han redactado innumerables documentos con políticas mineras claras, pero ignoradas por una decisión de escritorio del ministro de ambiente en turno.

Por ejemplo, en un intento por reunir el criterio nacional alrededor de la obtención y desarrollo de nuestros recursos, se creó el Consejo Asesor de la Minería, en el cual se tienen representantes del Ministerio de Obras Públicas, Setena, DGM, la municipalidades y la Organización latinoamericana de minería (OLAMI), pero el ministro lo engavetó con la mira siempre puesta en desaparecer la minería, lo cual ha mostrado que solo consigue la extracción ilegal.

Es comprensible que el costarricense de por sentado que si el gobierno no ve en el aprovechamiento de nuestros recursos minerales una solución fuerte a la crisis fiscal y el desempleo, debe ser porque evaluaron esta opción y se decidió responsablemente que no era algo deseable. Pero la realidad es que lo anterior nunca ha sucedido puesto que se ha prohibido más bien la investigación y el dialogo con los expertos del ramo; los intereses personales han privado sobre el bienestar general, lo que ha sometido a Costa Rica al subdesarrollo por ideologías y dogmas injustificados.

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